En 1995, en el extinto programa Primer Plano  de la extinta RCTV, Marcel Granier entrevistaba al entonces alcalde de Caracas, Aristóbulo Istúriz, quien por momentos es completamente irreconocible pues habla con total libertad de cómo mejoró el desempeño de la alcaldía para hacer una gestión eficiente en beneficio de los ciudadanos. Incluso, en una parte denuncia al modelo estatista y rentista petrolero que favorecía el clientelismo y la aparición de líderes mesiánicos. Incluso se atreve a decir: “Aquí la demagogia pasó de moda”.
Pero rápidamente, Istúriz descubre el Aristóbulo que hoy conocemos cuando dice que el sistema político que había permitido eso que denunciaba había que cambiarlo. “Se tiene que saltar de la democracia representativa a la democracia participativa”, afirmaba con total seguridad. Y eso era antes de que Chávez fuera candidato y que se hablara de una nueva constitución que incluiría al gobierno democrático y participativo como uno de sus principios fundamentales. Aristóbulo decía que la idea era acercar el poder al pueblo.
Al respecto, Ludwig von Mises, explica en su libro Liberalismo: “La noción de la distinción especial y la dignidad inherentes al ejercicio de las funciones de gobierno es lo que constituye la base de la teoría seudo democrática del estado.
De acuerdo con esa doctrina, es vergonzoso que alguien se permita a sí mismo ser gobernado por otros. Su ideal es una constitución en la que todo el pueblo regula y gobierna. Esto, por supuesto, nunca ha sido, nunca puede ser, y nunca será posible, ni siquiera bajo las condiciones que prevalecen en un estado pequeño.
Alguna vez se pensó que este ideal se había alcanzado en las ciudades-estados griegas de la antigüedad y en los pequeños cantones de las montañas suizas. Esto también fue un error. En Grecia sólo una parte de la población, los ciudadanos libres, tenían alguna participación en el gobierno; los extranjeros y los esclavos no.
En los cantones suizos sólo ciertos asuntos de carácter puramente local se resuelven con el principio constitucional de la democracia directa; todos los asuntos que trascienden estos estrechos límites territoriales son gestionados por la Federación, cuyo gobierno no corresponde de ninguna manera a ese ideal de democracia”.
En Venezuela, el experimento de democracia participativa no ha sido sino una mayor centralización en el manejo de los recursos y en al toma de decisiones y la creación de una base clientelar que apoya al gobierno central a cambio de la promesa de ayudas económicas. Todo lo contrario a lo que se supone debería ser.

 

 

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