Muchas cosas tontas se han dicho y escrito sobre el lujo. Contra el consumo de lujo se ha objetado que es injusto que algunos disfruten de gran abundancia mientras que otros están en necesidad. Este argumento parece tener algún mérito. Pero sólo parece. (…)Nuestra defensa del consumo de lujo no es, por supuesto, el argumento que uno ocasionalmente oye, es decir, que reparte el dinero entre la gente. Si los ricos no se complacían en lujos, se dice, los pobres no tendrían ingresos.

Esto es simplemente una tontería. Porque si no hubiese consumo de lujo, el capital y el trabajo que de otro modo habrían sido aplicados a la producción de bienes de lujo producirían otros bienes: artículos de consumo masivo, artículos necesarios, en lugar de “superfluos”. Para formar una concepción correcta de la significación social del consumo de lujo, primero hay que darse cuenta de que el concepto de lujo es totalmente relativo.

(..)El lujo de hoy es la necesidad del mañana. Cada avance surge primero como el lujo de unos cuantos ricos, para convertirse, después de un tiempo, en la indispensable necesidad tomada por todos. El consumo de lujo proporciona a la industria el estímulo para descubrir e introducir nuevas cosas. Es uno de los factores dinámicos de nuestra economía. A ella le debemos las innovaciones progresivas por las que el nivel de vida de todos los estratos de la población ha ido aumentando gradualmente.

La mayoría de nosotros no tenemos ninguna simpatía con el rico ocioso que pasa su vida en el placer sin nunca hacer ningún trabajo. Pero incluso él cumple una función en la vida del organismo social. Pone un ejemplo de lujo que despierta en la multitud una conciencia de nuevas necesidades y da a la industria el incentivo para cumplirlas.

Tomado de Liberalismo de Ludwig von Mises.