Lo que más se critica en nuestro orden social es la desigualdad en la distribución de la riqueza y los ingresos. Hay ricos y pobres, hay muy ricos y muy pobres. La salida es fácil: la distribución equitativa de toda la riqueza. La primera objeción a esta propuesta es que no ayudará mucho a la situación, porque los de medios moderados superan por mucho a los ricos, de modo que cada individuo podría esperar de tal distribución sólo un incremento bastante insignificante en su nivel de vida. Esto es ciertamente correcto, pero el argumento no está completo.

Aquellos que abogan por la igualdad de distribución de la renta pasan por alto el punto más importante, a saber, que el total disponible para la distribución, el producto anual del trabajo social, no es independiente de la forma en que se divide. El hecho de que la producción hoy sea tan grande como lo es, no es un fenómeno natural o tecnológico independiente de todas las condiciones sociales, sino enteramente el resultado de nuestras instituciones sociales.

Sólo porque la desigualdad de riqueza es posible en nuestro orden social, sólo porque estimula a todos a producir tanto como se puede y al costo más bajo tiene la humanidad hoy en día la riqueza anual total disponible para el consumo. Si este incentivo fuera destruido, la productividad sería tan grandemente reducida que la porción que una distribución igualitaria daría a cada individuo sería mucho menos que lo que incluso los más pobres reciben hoy.

Tomado del libro “Liberalismo” de Ludwig von Mises.