La Revolución Industrial marcó el inicio de una etapa en la que la humanidad prosperó. La calidad de vida de las personas en la mayor parte del mundo ha mejorado y datos como el aumento de la población y la longevidad de las personas hablan por sí solos.

Sin embargo, la cultura popular ha criticado y satanizado esta época. La obra de Charles Dickens, las películas de Charles Chaplin, abundan en crítica social a la deshumanizante era industrial. Como si el mundo anterior era perfecto y fue solo perturbado por la industrialización.

Ludwig von Mises defendía la revolución industrial en los siguientes términos:

“Los propietarios de las fábricas no tenían el poder de obligar a nadie a tomar un trabajo en sus empresas. Sólo podían contratar personas que estaban dispuestos a trabajar por los salarios que se ofrecían. Bajos como esos salarios eran, sin embargo significaban mucho más de lo que estos indigentes podrían ganar en cualquier otro campo abierto a ellos. Es una distorsión de los hechos decir que las fábricas alejaron a las mamás del cuidado de los niños y las cocinas y a los niños de sus juegos. Estas mujeres no tenían nada para cocinar y alimentar a sus hijos. Estos niños eran indigentes muriendo de hambre. Su único refugio era la fábrica. Los salvó, en el sentido estricto del término, de la muerte por inanición”.