En “Liberalismo”, Luwig von Mises expone el argumento liberal contra la guerra. Dice Mises:

“La guerra, la matanza, la destrucción y la devastación, es lo que tenemos en común con las bestias depredadoras de la selva; el trabajo constructivo es nuestra característica distintivamente humana. El liberal aborrece la guerra, no como el humanitario que considera que tiene consecuencias benéficas, sino porque sólo produce daños.

[…] El desarrollo de una compleja red de relaciones económicas internacionales es un producto del liberalismo y del capitalismo del siglo XIX. Esas ideas solas hicieron posible la extensa especialización de la producción moderna con su concomitante mejora en la tecnología. A fin de proporcionar a la familia de un trabajador inglés todo lo que consume y desea, cada nación de los cinco continentes coopera. El té para la mesa del desayuno es proporcionado por Japón o Sri Lanka, el café por Brasil o Java, el azúcar por las Indias Occidentales, carne de Australia o Argentina, algodón de América o Egipto, pieles de cuero de India o Rusia, etc.

Y a cambio de estas cosas, las mercancías inglesas van a todas partes del mundo, a las aldeas y granjas más remotas y apartadas. Este desarrollo era posible y concebible sólo porque, con el triunfo de los principios liberales, la gente ya no tomaba en serio la idea de que una gran guerra podría estallar de nuevo. En la época dorada del liberalismo, la guerra entre los miembros de la raza blanca se consideraba generalmente una cosa del pasado.

Pero los acontecimientos han resultado muy diferentes. Las ideas y los programas liberales fueron suplantados por el socialismo, el nacionalismo, el proteccionismo, el imperialismo, el etatismo y el militarismo. Mientras que Kant y Von Humboldt, Bentham y Cobden cantaron las alabanzas de la paz eterna, los portavoces de una época posterior nunca se cansaron de exaltar la guerra, tanto civil como internacional. Y su éxito llegó muy pronto. El resultado fue la I Guerra Mundial, que ha dado a nuestra época una especie de lección objetiva sobre la incompatibilidad entre la guerra y la división del trabajo”.

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