Es imposible dejar de referirse a Trump y a las primeras medidas tomadas por su gobierno en cuanto a las relaciones comerciales con el resto del mundo. Como había prometido, abandonó el TPP, y ahora anunció un arancel del 20% a todos los bienes importados de México.

Son evidentes los peligros de gobernar a la primera potencia militar del planeta con los complejos y la irresponsabilidad con la que los dictadores del tercer mundo lo hacen en sus países.

Los nuevos aranceles encarecerán los productos importados de México y será muy difícil que los EE.UU. encuentren nuevos lugares de origen para sustituir las importaciones por 270.000 millones de dólares.   que tuvieron durante el año 2016, por ejemplo. Esto terminará en que los trabajadores de fábrica estadounidenses venidos a menos a quienes supuestamente quiere ayudar Trump terminarán comprando productos más caros haciendo más difíciles las condiciones para todos, especialmente a los más pobres.

Y he aquí el verdadero peligro. Porque los fracasos en la política sólo reatroalimentarán más la retórica divisionista, polarizante y xenófoba de Trump. Una vez que los norteamericanos, especialmente los descontentos que votaron por el hoy presidente se den cuenta que las cosas no están saliendo como se los habían prometido y exijan cambios, ¿quién se imagina  al multimillonario rectificando alguna de sus políticas? Por ahora parece poco probable verlo reconocer algún error.

El proteccionismo solo permitirá preservar los empleos más ineficientes y desactualizados a cambio de que solo unos pocos ganen con la ausencia de competencia y la subida de los precios.

Cuando la contradicción entre lo prometido y lo cumplido por el nuevo presidente se manifieste este apuntará a los tramposos de otros países, a los sindicatos, a Obama. Es un guión que ya en Venezuela conocemos como bien han apuntado varios periodistas de nuestro país. Que no nos sorprenda cuando Trump hable de una “economic war” contra los Estados Unidos.