[…]Lo que pongo en duda no es el derecho de inventar combinaciones sociales, de propagarlas, aconsejarlas y experimentarlas en ellos mismos a su costo y riesgo; lo que disputo es el derecho de imponernos todo eso por intermedio de la ley, es decir por la fuerza y obligamos a pagarlo con nuestros impuestos.

Pido que los Cabetistas, Fourieristas, Proudhonianos, Universalistas y Proteccionistas renuncien, no a sus ideas particulares sino a la idea que les es común de sometemos por la fuerza a sus grupos y seres, a sus talleres socializados, a su banca gratuita, a su moral greco-romana y a sus trabas comerciales.

Lo que reclamo de ellos es que nos dejen la facultad de juzgar sus planes y la libertad de no asociarnos a ellos, directa o indirectamente, si es que encontramos que dañan nuestros intereses, o que repugnan a nuestra conciencia.

Porque la pretensión de hacer intervenir al poder y al impuesto, además de ser opresiva y expoliativa, Implica aun esta hipótesis de prejuicio: la incompetencia de la humanidad y la infalibilidad del planificador. Y siendo la humanidad incompetente para formar juicio por sí misma, ¿por qué viene a hablársenos de sufragio universal?

Fragmento del libro “La ley”, de Frederic Bastiat

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