Una de las objeciones más frecuentes planteadas contra el sistema liberal y democrático del capitalismo es que subraya principalmente los derechos del individuo, al descuido de sus deberes. Las personas defienden sus derechos y olvidan sus obligaciones. Ya que desde el punto de vista social, los deberes de los ciudadanos son más importantes que sus derechos.

 

No es necesario que nos detengamos en el aspecto político y constitucional de esta crítica antidemocrática. Los derechos de los hombres codificados en las diversas leyes de derechos se promulgan para la protección del individuo contra la arbitrariedad gubernamental. Pero para ellos todas las personas serían esclavas de los gobernantes despóticos.

 

En el ámbito económico, el derecho a adquirir y poseer bienes no es un privilegio. Es el principio que garantiza la mejor satisfacción de los deseos de los consumidores. El que está ansioso por ganar, adquirir y mantener la riqueza está bajo la necesidad de servir a los consumidores.

 

El motivo de lucro es el medio de hacer supremo al público. Cuanto mejor logre un hombre abastecer a los consumidores, mayor será su ganancia. Es ventajoso para todos que el empresario que produce buenos zapatos al costo más barato se haga rico. La mayoría de la gente sufriría alguna pérdida si una ley limitara su derecho a enriquecerse. Tal ley sólo favorecería a sus competidores menos eficientes. No bajaría sino aumentaría el precio de los zapatos.

 

El beneficio es la recompensa por el mejor cumplimiento de algunos deberes voluntariamente asumidos. Es el instrumento que hace las masas supremas. El hombre común es el cliente para quien los capitanes de la industria y todos sus ayudantes están trabajando.

 

Tomado del libro Burocracia de Ludwig von Mises.