Ayer se cumplió un año más de la muerte de Carlos Rangel y es deber recordar la vigencia y la importancia de este intelectual venezolano quien defendió el pensamiento en medio de la supremacía cultural del establishment socialdemócrata latinoamericano.

A propósito de la muerte de Eduardo Galeano en 2015, Álvaro Vargas Llosa escribió un artículo en el cual contraponía al uruguayo con el venezolano explícitamente titulado “Eduardo Galeano versus Carlos Rangel”. De este texto extrajimos lo siguiente:

“La estirpe de Rangel se negó y niega a diferenciar entre las víctimas de la derecha y las víctimas de la izquierda, las dictaduras de un lado y las dictaduras del otro. Su visión humanista era más poderosa que su toma de partido: el individuo tenía un valor y unos derechos que trascendían los caprichos de la ideología. Lo suyo era la desorganización intelectual de los odios políticos para exponerlos en su desnuda naturaleza.

La tesis de Del buen salvaje… es dura de aceptar, como lo son siempre las verdades que nos cuentan nuestros mayores. La Europa utópica, dijo Rangel, había visto a los latinoamericanos como buenos salvajes cuya pureza había sido contaminada por el colonialismo. La civilización-víctima, cuyos males eran enteramente producto del abuso de los forasteros poderosos, debía hacerse justicia a sí misma repudiando el capitalismo imperialista y la democracia mentirosa, refugiándose en la protección y exaltación de lo propio. Un sofisma, según Rangel, del que nacían muchos de nuestros males y que había impedido que fuésemos una potencia económica como Estados Unidos o Canadá. Por creer tantos latinoamericanos, como sostuvo Galeano en Las venas abiertas…, que “la división internacional del trabajo consiste en que “unos países se especializan en ganar y otros en perder”, esta zona del mundo había renunciado a superarse”.