La mentalidad anti-capitalista ha sido sembrada y regada por los políticos venezolanos  durante décadas, ellos siempre se han servido de la pobreza para obtener el poder y el acceso a manejar de forma discrecional los recursos provenientes de la explotación del petróleo.

Por décadas nos han adoctrinado para que despreciemos al capitalismo, a las economías de libre mercado, y depositemos en el aparato estatal, sus leyes y sus operadores, toda aspiración de finalmente superar el subdesarrollo y la pobreza.

Hemos comprado decretos, leyes y constituciones como soluciones para todos nuestros problemas y a pesar de los pésimos resultados, muchos todavía apuestan a las mismas políticas intervencionistas como una salida, y creen que hay maneras eficientes de aplicar controles. En su ensayo “La Mentalidad anticapitalista”, Ludwig von Mises, dice:

“Ningún defensor de la libertad sostuvo que restringir la arbitrariedad de los funcionarios es todo lo que se necesita para liberar a los ciudadanos. Lo que da a los individuos tanta libertad como es compatible con la vida en sociedad es el funcionamiento de la economía de mercado. Las constituciones y las declaraciones de derechos no crean libertad. Simplemente protegen la libertad que el sistema económico competitivo otorga a los individuos contra usurpaciones por parte del poder policial.

En la economía de mercado las personas tienen la oportunidad de esforzarse por alcanzar la estación que desean alcanzar en la estructura de la división social del trabajo. Ellos son libres de elegir la vocación en la que planean servir a sus semejantes. En una economía planificada carecen de este derecho. Aquí las autoridades determinan la ocupación de cada hombre. La discreción de los superiores promueve a un hombre a una mejor posición o le niega tal promoción. El individuo depende enteramente de las buenas gracias de los que están en el poder. Pero bajo el capitalismo todo el mundo es libre de desafiar los intereses creados de todos los demás.

Si piensa que tiene la capacidad de proporcionar al público mejor o más barato que otras personas, puede tratar de demostrar su eficiencia. La falta de fondos no puede frustrar sus proyectos. Porque los capitalistas están siempre en busca de hombres que puedan utilizar sus fondos de la manera más rentable.

El resultado de las actividades empresariales de un hombre depende solo de la conducta de los consumidores que compran lo que más les gusta. Tampoco el asalariado depende de la arbitrariedad del empleador. Un emprendedor que no puede contratar a los trabajadores que mejor se adaptan al trabajo en cuestión y pagarles lo suficiente para evitar que tomen otro trabajo es penalizado por una reducción de los ingresos netos. El empleador no concede un favor a sus empleados. Los contrata como un medio indispensable para el éxito de su negocio de la misma manera en que compra materias primas y equipos de fábrica”.

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