Por Humberto Rivero.

En estos días he estado reflexionando sobre el bitcoin y su autoría desde el punto de vista ideológico. Los anarcocapitalistas se atribuyen su éxito porque se adapta a sus ideas ya que supuestamente “elimina el estado o la autoridad monetaria”, los liberales y libertarios también atribuyen sus cualidades a la mejor representación del Estado limitado ya que dentro de los protocolos de las distintas plataformas para comprar, pagar y vender usando bitcoin existe una especie (según ellos) de estado limitado y absolutamente objetivo que sirve de “autoridad” ya que controla y sanciona virtualmente con su reputación a todo aquel que ose estafar en alguna transacción.

De hecho las estadísticas que llevan sobre cada comprador y vendedor semejan a un récord policivo de las naciones. Sin embargo yo creo que estas tres corrientes promotoras del capitalismo no se han percatado de que el BITCOIN NO ES UNA MONEDA ya que no suena (sentido del oído), no es física (sentido del tacto) y tampoco la puedes ver ni oler (sentido de la vista y olfato), es decir con el Bitcoin no puedes jugar al azar del “cara o sello” y tampoco guardarla como moneda de la suerte.

Su única cualidad es como reserva de valor y adicionalmente como valor de cambio dadas las coincidencias puntuales de necesidades del comprador, pagador y el vendedor.

Veamos la definición de la palabra catalaxia que es el título de este artículo.

Catalaxia: “El concepto fue empleado de manera sistemática por primera ocasión por el economista austriaco Ludwig von Mises. Friedrich Hayek usó el término catalaxia para describir «el orden que surge por el ajuste recíproco de muchas economías individuales en un mercado»” (Wikipedia).

Este concepto es el que mejor se adapta para ubicar la autoría “ideológica o concepto intelectual” del Bitcoin y creo que allí todos los liberales clásicos, libertarios y anarco capitalistas podemos coincidir ya que si algo no debe estar en discusión es que la tecnología cada día nos hace más libres y la “dimensión material humana” ha sido beneficiada con la tecnología de blockchain implícita en el Bitcoin para hacer intercambios “voluntarios basados en la confianza y coincidencias de necesidades de dos personas, solo ellas y nadie más salvo la web y su protocolo de seguridad escogido libremente por el usuario.

Cuando afirmo que el Bitcoin no es una moneda me refiero a que el bitcoin vino a resolver al problema del trueque de siglos atrás que en esos tiempos se resolvió al convertir productos materiales en otra cosa como el concepto de “dinero” que minó el imaginario colectivo del mundo entero y que en su época tuvo las mismas dudas de las cuales hoy también tiene el Bitcoin, pero que espontáneamente poco a poco ha sido aceptada como sucedió con la sal, el tabaco, las pieles, la plata y el oro.

El trueque hace miles de años era un problema cuando había que intercambiar productos materiales indivisibles como una vaca por tres ovejas. La transacción se daba pero era lento y engorroso encontrar esas coincidencias de necesidades en dos personas. Allí aparece la sal que es un mineral, es materia de valor de uso y que el “orden espontaneo” convirtió en dinero desfigurando su propia esencia natural de mineral físico a un concepto mental, metafísico e hipnótico como el dinero.

Pero la sal, el tabaco y las pieles se desgastan por lo que no sirvieron de reserva de valor, dando paso al oro y la plata que si cumplen con todas las cualidades del dinero de ser divisible, fungible (una onza de oro es la misma onza de oro en cualquier parte del mundo) y no se desgasta por lo que sirve de reserva de valor.

Parte II de este artículo se publicará este martes 22 de noviembre de 2.016.

Autor: Econ. Humberto J. Rivero M., Msc. Director Internacional del Movimiento Libertad Venezuela.

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