“En la medida en que el funcionamiento del mercado no es saboteado por la interferencia de los gobiernos y otros factores de coerción, el éxito en los negocios es la prueba de los servicios prestados a los consumidores. El hombre pobre no necesita ser inferior al empresario próspero en otros aspectos; Puede a veces ser excepcional en logros científicos, literarios, y artísticos o en la dirección cívica. Pero en el sistema social de producción es inferior. El genio creativo puede tener razón en su desdén por el éxito comercial; Puede ser cierto que hubiera prosperado en los negocios si no hubiera preferido otras cosas. Pero los empleados y obreros que se jactan de su superioridad moral engañan y buscan consuelo en este autoengaño. Ellos no admiten que hayan sido juzgados y encontrados faltos por sus conciudadanos, los consumidores.

 

A menudo se afirma que el fracaso del pobre en la competencia del mercado es causado por su falta de educación. La igualdad de oportunidades, se dice, sólo podría proporcionarse haciendo que la educación de todos los niveles accesible a todos. Hoy prevalece la tendencia a reducir todas las diferencias entre los diversos pueblos a su educación ya negar la existencia de innatas desigualdades en el intelecto, la fuerza de voluntad y el carácter. Generalmente no se comprende que la educación nunca puede ser más que adoctrinamiento con teorías e ideas ya desarrolladas. La educación, independientemente de los beneficios que pueda conferir, es la transmisión de doctrinas y valoraciones tradicionales; es por necesidad conservadora. Produce imitación y rutina, no mejora y progreso. Los innovadores y los genios creativos no pueden ser criados en las escuelas. Son precisamente los hombres que desafían lo que la escuela les ha enseñado.

 

Para tener éxito en los negocios un hombre no necesita un título de una escuela de administración de empresas. Estas escuelas entrenan a los subalternos para trabajos de rutina. Ciertamente no entrenan a los empresarios. Un empresario no puede ser entrenado. Un hombre se convierte en un empresario para aprovechar una oportunidad y llenar una brecha. Ninguna educación especial es requerida para tal exhibición de juicio agudo, previsión y energía. Los empresarios más exitosos a menudo no tenían educación si se les evaluaba de acuerdo a estándares escolares de la profesión docente. Pero fueron a su función social de ajustar la producción a la demanda más urgente. Debido a estos méritos, los consumidores los escogieron para el liderazgo empresarial.

 

Tomado de “La acción humana” de Ludwig von Mises.