En su libro “Liberalismo”, Ludwig von Mises establecía con claridad la clase de igualdad que persiguen los liberales.

“Nada es tan infundado como la afirmación de la supuesta igualdad de todos miembros de la raza humana. Los hombres son totalmente desiguales. Incluso entre hermanos existen las más significativas diferencias en los atributos físicos y mentales. La naturaleza nunca se repite en sus creaciones; no produce nada por la docena, ni son sus productos estandarizados. Cada hombre que sale de su taller lleva el sello de la individualidad, lo único, lo que nunca se repite.

Los hombres no son iguales, y la demanda de igualdad ante la ley de ninguna manera puede estar basada en el argumento de que el tratamiento de iguales se debe a que todos sean efectivamente iguales.

Hay dos razones distintas por las que todos los hombres deben recibir el mismo tratamiento bajo la Ley. A fin de que el trabajo humano logre su más alto nivel posible de productividad, el trabajador debe ser libre, ya que sólo el trabajador libre, disfrutando de los salarios fruto de su propia industria ofrecerá lo máximo de sí mismo.

La segunda consideración a favor de la igualdad de todos los hombres ante la ley es el mantenimiento de la paz social. Cada perturbación del desarrollo pacífico de la división del trabajo debe ser evitada. Pero es casi imposible preservar una paz duradera en una sociedad en la que los derechos y obligaciones de las clases son diferentes. El que niega los derechos a una parte de la la población debe estar siempre preparado para un ataque de los los desposeídos a los privilegiados.

Es por lo tanto bastante injustificable encontrar defectos en la forma en que el liberalismo lleva a la práctica su postulado de la igualdad, sobre la base de que lo que crea sólo era la igualdad ante la ley y no igualdad real. Todo poder humano sería insuficiente para hacer que los hombres sean realmente iguales. Los hombres son y serán siempre diferentes.

Nunca el liberalismo se ha dirigido a nada más que esto, ni podría pedir nada más. Está más allá del poder humano hacer blanca a una persona negra. Pero a la persona negra se le pueden conceder los mismos derechos que se le conceden al hombre blanco y ofrecerle así la posibilidad de ganar tanto como él mismo produce.

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