En su crítica a los sistemas totalitarios que trataban de implementar economías de mercado, el economista alemán Wilhelm Röpke, defendía la importancia de la propiedad privada:

“La economía de mercado descansa en dos pilares esenciales, no en un solo. No sólo asume la libertad de precios y de competencia (cuyas virtudes los nuevos socialistas adeptos a la economía de mercado ahora aceptan a regañadientes), descansa igualmente en la institución de la propiedad privada. La propiedad debe ser genuina. Debe comprender todos los derechos de libre disposición sin que (como ocurría en la Alemania Nacionalsocialista) sea una cáscara legal vacía. A estos derechos debe añadirse el derecho de legar la propiedad.
La propiedad en una sociedad libre tiene una doble función. No sólo significa que la esfera individual de decisión y responsabilidad esté, como hemos aprendido como abogados, deslindada de la de otros individuos, sino asimismo que la propiedad protege la esfera del individuo contra el gobierno y su constante tendencia a la omnipotencia. Es tanto un límite horizontal como vertical. Y es en esta doble función como debe entenderse la propiedad como condición indispensable para la libertad.
Es curioso y triste ver cuán ciego es el socialista medio con respecto a las funciones económica, morales y sociológicas de la propiedad y un más esa filosofía social particular y el que la propiedad debe estar arraigada. En esta tendencia de ignorar el significado de la propiedad.
La economía de mercado sólo puede prosperar como parte de y rodeada de una sociedad donde ciertas cosas elementales se respetan y permean toda la vida de la comunidad: Responsabilidad individual, respeto a ciertas normas indiscutibles, la honradez individual y un serio esfuerzo por seguir adelante y desarrollar las propias facultades, independencia basada en la propiedad, planificación responsable de la vida propia y de su familia, ahorro, empresa, asumir riesgos bien calculados, sentido del trabajo, la relación correcta con la naturaleza y la comunidad, el sentido de la continuidad y la tradición, el coraje de afrontar las incertidumbres de la vida por uno mismo, el sentido del orden natural de las cosas.
A quienes encuentran todo esto como despreciable y que huele a mentes estrechas y a “reacción” debe pedírseles seriamente que revelen su propia escala de valores y que nos digan que tipo de valores quieren para defenderse del comunismo sin tomar ideas de éste”.