Casi un desconocido en Venezuela, Ludwig von Mises, pilar fundamental de la Escuela Austríaca de Economía y uno de los pensadores más prolíficos del siglo XX, es una referencia obligada para quienes se sienten parte del movimiento libertario.

No es casualidad que no se mencione a Mises, que haya sido excluido de los círculos académicos en donde la economía se estudia desde las perspectivas de Marx y Keynes. En esta tierra de socialdemocracia, en donde millones todavía esperan que “el gobierno haga algo” o que “el estado debe intervenir” a pesar de que los últimos años sean una muestra de lo que eso significa, hay cada vez más personas que dudan de esas dos premisas siempre machacadas desde el poder. Lamentablemente, todavía no somos tantos, pero el desastre actual nos ha hecho ver la imposibilidad de que una economía centralizada y dirigida por dogmas ideológicos no provee lo mínimo para nuestra subsistencia.

Mises vio desde el principio los peligros del socialismo y efectuó una crítica severa, metódica y documentada de todos los aspectos de ese sistema. Murray Rothbard, explicaba: “Su artículo de 1920, ‘El cálculo económico en la mancomunidad socialista’ fue un éxito: logró demostrar por primera vez que el socialismo era un sistema inviable para una economía industrial; pues Mises mostró que la economía socialista al estar privada del sistema de precios del lire mercado, no podía calcular costos de forma racional o asignar los factores de producción de forma eficietne para las tareas más necesitadas”.

En 1920, la Unión Soviética todavía no había tomado ese nombre, es decir, ningún país había intentado emplear el socialismo como forma de organización para su economía y ya Mises sabía que no iba a funcionar.

Cerremos con unas sabias palabras del propio Mises: “El capitalismo significa libre empresa, soberanía de los consumidores en asuntos económicos y soberanía de los votantes en asuntos políticos. El socialismo significa control total del gobierno sobre todas las esferas de la vida del individuo y una irrestricta supremacía del gobierno en su capacidad de consejo central de control de la producción. No hay una transigencia entre ambos sistemas. Contrario a la falacia popular no hay un camino intermedio, no hay tercer sistema posible como patrón de un permanente orden social. Los ciudadanos deben escoger entre capitalismo y socialismo”.