Visitamos un pasaje de “Camino a la Servidumbre”, importante obra que recoge el pensamiento político del Nobel de Economía Friedrich A. von Hayek

La forma liberal de planificar

La ‘Planificación’ debe su popularidad en gran parte al hecho de que todo el mundo desea, por supuesto, tener la mayor cantidad posible de previsión para manejar los problemas comunes.

La disputa entre el planificadores modernos y los liberales, no es sobre si debemos emplear el pensamiento sistemático para la planificación de nuestros asuntos. Es una disputa sobre cuál es la mejor manera de hacerlo.

La pregunta es si se deben crear las condiciones bajo las cuales el conocimiento y la iniciativa de los individuos tengan el mejor campo de aplicación para que puedan planificar con mayor éxito; o si debemos dirigir y organizar todas las actividades económicas de acuerdo con un “modelo”, es decir, dirigir concientemente los recursos de la sociedad para adaptarse a los puntos de vista particulares de los planificadores acerca de lo qué cosa debería tener cada quien.

Es importante no confundir la oposición en contra de este última tipo de planificación con una actitud dogmática del laissez faire. El argumento liberal no aboga por dejar las cosas tal como están; sino que favorece hacer el mejor uso posible de las fuerzas de la competencia como medio para la coordinación del esfuerzo humano. Se basa en la convicción de que crear una competencia efectiva es mejor manera de orientar los esfuerzos individuales que cualquier otra.

Hay que enfatizar que con el fin de hacer que la competencia funcione de forma beneficiosa se requiere de un marco legal cuidadosamente pensado, y que ni las reglas anteriores ni las actuales están exentas de tener defectos graves. El liberalismo se opone, sin embargo, a suplantar a la competencia por métodos inferiores de guiar la actividad económica. Y se refiere a la competencia como superior, no sólo porque en la mayoría de las circunstancias es el más conocido método eficaz, sino porque es el único método que no requiere la intervención coercitiva o arbitraria de autoridad.

Aunque la competencia puede soportar algo de regulación, no se puede, en ninguna mediad combinarse con la planificación sin que deje de operar como una guía efectiva par ala producción. Tanto la competencia como la dirección central se conviertes en herramientas pobres e ineficientes si son incompletas y una mezcla de las dos significa que ninguna funcionará.

La planificación y la competencia solo se pueden combinar si se planifica para la competencia y no contra ella.

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