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“La cara de la codicia”. En la imagen un manifestante sostiene un póster con la cara de Martin Shkreli, cabeza de Turing Pharmaceuticals.

Este es un buen ejemplo de cómo los mercados funcionan en beneficio de la gente. El año pasado la compañía Turing Pharmaceuticals adquirió los derechos para comercializar el Daraprim en los Estados Unidos. Ese medicamento, cuyo componente activo es la pirimetamina, se emplea en el tratamiento de la toxoplasmosis en pacientes inmuno deprimidos, como los enfermos de SIDA, por ejemplo. En el transcurso de un par de meses, los ejecutivos de Turing decidieron incrementar el precio del medicamento de 13,50 a 750 dólares por pastilla. Un aumento que sobrepasó el 5.000%.

Si se considera que la patente de la medicina tenía alrededor de 60 años y que se trata de un medicamento de gran importancia para personas con enfermedades que pueden ser letales, la noticia del aumento de precio fue muy mal recibida por la opinión pública. Hasta allí, los dueños de Turing, encabezados por un joven de sonrisa burlona y pedante llamado Martin Shkreli, eran los malos de la película y retrataban los defectos del capitalismo.

Lo bueno pasó después. La compañía Imprimis Pharmaceuticals, ofreció una versión del medicamento por un dólar. ¡Un dólar! Imprimis se especializa en ofrecer medicamentos que ya están en el mercado en presentaciones diferentes que se ajusten a las necesidades específicas de algún grupo de pacientes.

En un ambiente con ciertas libertades garantizadas, una práctica éticamente reprobable de un actor de mercado en perjuicio de los ciudadanos creó la oportunidad para que un tercero diera una respuesta a los afectados.

Ahora, casi un año después de haber ofrecido la solución, Imprimis todavía no puede ofrecer su solución al público estadounidense porque la agencia de Administración de Alimentos y Medicinas (FDA, en inglés) todavía no dado la aprobación para que comercialicen la medicina.

Pocas veces un ejemplo tan claro de cómo el mercado y la iniciativa privada ofrecen una solución para una necesidad y el estado con su intervención la entorpece.